lunes, octubre 23, 2006

Las tres decisiones y el destino

Había una vez... un chico triste que trataba de superar una ruptura sentimental. Cada día se levantaba por la mañana y se disponía a ir a trabajar, esperando que ese día fuera el definitivo en el que olvidara aquella relación. Una relación a distancia por la que había luchado mucho, dándolo todo. Una relación que le había consumido, robándole toda su autoestima. No en vano... había tenido que darse por vencido después de intentarlo por todos los medios. Poco a poco, llegó a la conclusión de que era el destino el que quería que esa relación no funcionara. Después de todo, quizás su destino ya estaba escrito.

El verano transcurría lentamente y sin sobresaltos. El ánimo del chico no mejoraba. Caminaba con la cabeza baja y hablaba sin mirar a los ojos. Los fines de semana eran aburridos y monótonos... sus amigos le animaban a salir, a divertirse... pero tenía un nudo en el corazón que le impedía sentir, disfrutar... le impedía ser él mismo.

Un amigo le propuso irse los dos de vacaciones a Cádiz, unos días. Necesitaba cambiar de aires. Al principio, y como de costumbre, el chico dijo que no, que prefería concentrarse en su trabajo y esperar a encontrarse mejor. Su amigo insistió, pero no pudo convencerle.

El día antes de que su amigo se marchara, el chico tuvo una sensación extraña. La sensación de que, si no hacía ese viaje, se perdería algo importante. Rápidamente llamó a su amigo, preguntándole si aún podía unirse a él, a lo cual su amigo respondió que naturalmente que estaba a tiempo. El chico no lo sabía aún, pero había tomado la primera de tres decisiones que cambiarían todo.

Una vez en Cádiz, el amigo invitó al chico a visitar a dos amigas suyas. Con ellas pasaron la mayor parte del tiempo que estuvieron en Cádiz. Al principio el chico no sintió una especial atracción por ninguna de ellas, pero al tercer día se dio cuenta de que una de las chicas era especial. Sus ojos azules y su sonrisa le reconfortaban. Sus historias sobre la Cruz Roja, donde era voluntaria, y sobre la ciudad conseguían llegar a su corazón, por algún camino escondido hacía mucho tiempo.

Quizás fue su gracia gaditana, o su afinidad en temas de voluntariado, lo que hizo que surgiera algo especial entre ellos dos... o ambas cosas. Sus bromas en la playa, sus juegos en el agua... hasta que los dos se encontraron solos, en el agua, mirándose a los ojos y en silencio, en un momento mágico. El no podía dejar de mirarla, y ella se encontraba muy cerca de él, observándole. Varios besos se escaparon en las mejillas, pero ambos sentían lo que iba a pasar a continuación.

Cuando el chico decidió dejarse llevar y besarla en los labios, sintió cómo dentro de él, sentía un enorme descanso. El nudo de su corazón se había deshecho y de pronto empezó a sentir de nuevo. Sintió cómo todo su mundo y la percepción del mismo cambiaba por momentos. Había tomado la segunda decisión, la decisión de darse la oportunidad de volver a sentir... la oportunidad de enamorarse de verdad, por primera vez.

Aquellos días para el chico fueron los mejores de su vida. Compartió momentos de intensa alegría y emoción junto con sus tres amigos. Juntos recorrieron Rota, Jerez, Sanlúcar y el puerto de Santa María. El chico sentía que necesitaba estar con la chica a todas horas, en todo momento. Cuando no estaba con ella sentía una inmenso malestar que sólo se curaba cuando la veía acercarse.

Sin embargo... y como en todas las buenas historias de amor, llegó el momento de la despedida. Sabían que llegaría ese momento, ya que el chico debía volver a Madrid donde tenía su vida, su trabajo. El chico sintió mucha tristeza en ese momento, pero no fue nada comparado con el momento en que vio desaparecer a la chica en su portal. La tristeza de ver a la persona amada irse, sin saber cuándo lo volverá a ver. Su amigo trató de consolarle hablándole y tratando de animarle. El chico pudo mandar un mensaje a la chica, en el que sólo acertó a escribir dos letras: TQ.

Pasó el tiempo, y la distancia empezó a hacerse notar. Las ilusiones se enfriaron y el chico volvió a caer en un sentimiento de profunda soledad, sintiendo una gran impotencia al ver cómo el amor se escapaba por ambas partes. Sin embargo, en medio de sus largos y confusos pensamientos, se dio cuenta de algo muy importante. Si en el último momento no hubiera decidido acompañar a su amigo en sus vacaciones, no hubiera sucedido nada de nada. De la misma manera, podría haber elegido no besar a la chica en la playa.

Comprendió entonces que habían sido sus decisiones las que le habían llevado a vivir el verano más increíble de su vida. A diferencia de antes, ya no pensaba que el destino estuviera escrito... en cualquier caso podría decirse que el destino había puesto en sus manos la posibilidad de vivir ese verano, posibilidad que él aprovechó.

Gradualmente comenzó a ver la vida de forma diferente. El destino no era algo que hacía y deshacía su vida a placer, sino que le ofrecía distintos caminos, caminos que el destino sí cambiaba a su antojo. Pero él era el encargado de decidir qué camino recorrer. Por tanto, él era el responsable de su propio destino.

Poco a poco fue saliendo, de la situación de apatía. Recuperó la alegría y la esperanza. Y una vez se hubo recuperado del todo, tomó la tercera decisión... que fue apuntarse a Cruz Roja. Pues si bien sabía que eso no le llevaría hasta la chica, sabía que así encontraría otros caminos que recorrer, otras personas a las que conocer, con las que reír...

... otras personas a las que amar. 

3 comentarios:

ene dijo...

Gracias por haber visitado mi blog y me alegro mucho que te haya gustado. Por suerte, mi escrito no es autobiográfico aunque puede ser la historia de mucha gente.

No sé si decir que espero que el tuyo sí lo sea o no... es un relato ciclotimico...

Te seguiré leyendo....

Nosotras dijo...

Preciosa historia. A veces somos nosotros los que hacemos nuestro destino, aunque él nos guíe a su manera. Lo mejor de todo es que puedes contar toda aquella magia que vivistéis de una forma tan especial. Que no hay rencor y que a pesar de no haber funcionado has hecho una de las cosas que tal vez sin conocerla no hubieras llegado a valorar o pensar hacerla. Eres un crack como diría un "nau" ;)
A veces la distancia se hace dura y difícil, pero soy de las que pienso que querer es poder, si se quiere, se puede.
Besos, Cristi

Nosotras dijo...

Muy bonito Kike. Así que ¿estuviste por aquí?. Lástima que la cosa no acabara bien... con lo que me gustan a mi los finales felices...

Yo