lunes, junio 16, 2008

Lo que nos diferencia

Tú y yo no somos parecidos... eso salta a la vista. No comparto tu manera de hacer las cosas, y tú no compartes la mía. Debido a amigos comunes, nos hemos visto "obligados" a llevarnos bien, aunque la verdad es que no habíamos tenido ningún problema. Hasta ahora.

Puedo entender que no comprendas por qué hago las cosas que hago. Pero lo que sí deberías hacer es respetarlas. Me parece muy bien que no te gusten, pero una persona como tú no puede juzgar las razones que me impulsan a hacerlo. No me malinterpretes: pero sólo hay que verte.

Ahí, donde estás, eres una persona normal. En el más estricto sentido de la palabra. Tienes un buen trabajo, te esfuerzas en él, y cuando éste termina, te esfuerzas por hacer feliz a tu pareja. Tienes amigos y te gusta salir por ahí con ellos a tomar unas tapas. Haces números para llegar a fin de mes, para pagar ese alquiler de tu pequeño trozo de intimidad.

No digo que todo eso esté mal: al contrario, es algo que, en los días que vivimos, es digno de reconocer y cuesta bastante esfuerzo. Tendrás experiencias inolvidables: administrar tu casa, cuidar de tus hijos, compartir tu vida con tu pareja, momentos con los amigos (buenos y malos), en resumen, vivir tu vida.

Desde tu esquema de normalidad, criticas a los demás porque no se ajustan a tu normalidad, a tu manera de ver las cosas. ¿Crees realmente que esa supuesta normalidad es la respuesta? ¿Crees que ésa es la razón última de que estemos aquí?

Te ríes y te autoconvences de tu triunfo social al haber conseguido todas tus metas. Buen trabajo, buen coche, buena pareja y buen futuro. Desde tu pequeño reino de felicidad, juzgas y decides lo que está bien y lo que está mal. Juzgas quién es bueno y quién no. Quién sabe lo que hace y quién no. Y ahí entro yo.

No sé muy bien debido a qué, te decidiste a juzgarme. Y, por obra y gracia de tu rasero del bien y del mal, decidiste que perdía el tiempo. Tiempo que empleo en ser voluntario. En aprender idiomas por la simple razón de que me gustan. En escribir en un blog que, al fin y al cabo, no es actualizado con frecuencia. En escribir historias. Guiones. Cortometrajes. En multitud de cosas más que tu bola de cristal mágica decide poner en el saco de las cosas a olvidar.

Y, sí, quizás tengas razón. Quizás no tenga ningún provecho de todo esto que hago. Quizás podría "buscarme un trabajo en vez de ser mano de obra gratis" (lo ves... realmente no entiendes nada).

Todo esto entra dentro de la normalidad. Sí, cada uno emplea su tiempo libre en lo que desea. Tú lo empleas en lo que quieres y yo también. Pero hay una diferencia. Una gran diferencia. Cuando llegue tu hora, podrás decir que has formado a una familia. Que tu legado (tus hijos) permanece. Que hiciste feliz a una mujer. Que eras querido por tus amigos. Todo ello, cosas realmente geniales.

Yo también podré decir todo eso, desde luego (eso espero). Pero yo además podré decir que he visto la esencia. La humanidad. He ayudado a gente que lo necesitaba. He visto a deportistas ciegos esforzarse de una manera que ni tú ni yo podremos nunca. He luchado contra los elementos para conseguir que gente a la que ni siquiera conozco, pudiera realizar sus sueños. He inventado historias, personajes. He conocido gente maravillosa a través de mi blog. Me he comunicado con gente en otros idiomas (si tú supieras lo que es eso... te pondrías a estudiar ahora mismo). He sentido cosas que jamás habría podido sentir de otra manera.

Y cuando llegue mi hora, podré decir todo eso. Y tú no.