domingo, marzo 22, 2009

La cita ¿perfecta?

Podría contarte, amigo lector, que este sábado tuve una cita con una persona especial. Sobre esa cita, podría contarte lo siguiente:

Cuando llegué a la puerta del cine estaba nervioso. Tenía muchas ganas de quedar contigo y empecé a buscarte con la mirada. Allí estabas, tan guapa como siempre, y cuando me viste me lanzaste una de esas sonrisas tuyas que hacen que uno se sienta feliz.

Una vez en el cine nos sentamos y comenzó la película. Tengo que confesar que de vez en cuando me giraba para mirarte y ver si podía adivinar en tu expresión si te estaba gustando o no. Más de una vez me quedé mirándote y me perdí alguna escena, menos mal que no te diste cuenta porque me hubiera muerto de la verguenza.

Después nos fuimos a cenar. Cuando el camarero del restaurante nos hizo pasar a nuestra mesa, me descubrí contemplando tu andar, tu figura y tu espléndido vestido. Coincidimos de casualidad con unos portugueses muy simpáticos que estaban celebrando un cumpleaños. Además de cenar bien, nos reímos mucho y estuvimos en un ambiente genial. Yo veía cómo te reías y me alegraba de que lo estuvieras pasando tan bien.

Luego llegó la hora de las copas. Buscando un buen sitio, desde la calle oíste una canción que te gustaba y entramos en un local genial, donde estuvimos varias horas cantando y bailando. Se nos pasó el tiempo volando y cuando nos quisimos dar cuenta, ya eran las cuatro y cerraban el local.

Te acompañé hasta tu autobús y allí nos despedimos: nos dimos dos besos y me dijiste: "hablamos" con una de tus sonrisas. Me quedé esperando hasta que salió el autobús y al día siguiente no pude dejar de pensar en tí en todo el día.

Me gustaría contarte, amigo lector, que la cita que tuve el sábado fue así... aunque la verdad es que se pareció más a esto:

Llegué a la puerta del cine con un frío de la leche. Encima me mandas un SMS diciéndome que vas a llegar tarde y que compre yo las entradas. Así que además de llegar tarde, me tengo que comer yo la enorme cola de las taquillas aguantando a la maruja hablando de lo mucho que le gusta Penélope Cruz y de lo malo que es Javier Bardem. Cuando por fin te apetece llegar, vas y me dices que "soy un prisas, porque ya estaba llegando cuando me has llamado". Es que si la película empieza a las 20:30 y son las 20:27 y no has llegado, te llamo para saber por dónde andas... llámame raro.

Una vez en el cine nos sentamos y comenzó la película. Tengo que confesar que de vez en cuando notaba como que me dabas en el hombro, y al final descubrí que estabas dando cabezadas y dando con tu cabeza en mi hombro. Vamos, que la película estaba resultando un éxito. La próxima vez quedamos a un café y luego cada uno por su lado.

Después nos fuimos a cenar. Cuando el camarero del restaurante nos hizo pasar a nuestra mesa, me descubrí contemplando el andar, la figura y el escote de una rubia impresionante que estaba allí tomando algo con un morenazo, y daban la impresión de estarlo pasando mucho mejor que yo. Coincidimos de casualidad con unos portugueses que iban ya medio borrachos a las diez de la noche, por lo visto estaban celebrando un cumpleaños y ya se sabe cómo son los portugueses con la bebida.

Luego llegó la hora de las copas. Buscando un buen sitio, desde la calle oíste una canción que te gustaba y entramos en un local que estaba absolutamente lleno y en el que no caía un alfiler... pero claro, había que entrar porque a tí te gustaba la música que ponían. Allí estaba yo, aguantando una atmósfera que tenía más humo que aire respirable y preguntándome cómo ir hasta donde estabas sentada con dos copas hasta arriba de bebida mientras la gente bailaba como locos "Song two" de Blur. Empezaste a beber como una descosida e incluso después de que te llamaran la atención seguiste bebiendo. Y menos mal que el local lo cerraron a las cuatro, porque si no tú sigues allí haciendo el cabra.

Te acompañé hasta tu autobús porque ya no podías ni andar, y allí nos despedimos: nos dimos dos besos y sólo me dijiste a duras penas: "hablamos", que bien puede sonar a "ya quedaremos" o a "ya si eso te llamo yo... que va a ser que no". Me quedé esperando hasta que salió el autobús para cerciorarme de que no te bajabas y causabas más daño público y al día siguiente no pude dejar de pensar en por qué habíamos quedado en primer lugar...

A decir verdad, amigo lector, mi cita no fue ni como la primera, ni como la segunda. Simplemente me ha parecido divertido hacer "dos versiones" de una misma cita, espero que te hayas divertido.

2 comentarios:

Yo dijo...

Jajajajaja dios... sí que me he reído... Coñas aparte y aunque tu situación fuera en realidad una cosa intermedia, sí que son ciertas las diferencias entre lo que uno imagina/desea/sueña y lo que en realidad sucede. Muy bueno, en serio :D

Y me alegro de que la cosa no fuera como la situación 2, porque vaya tela entonces... jajajaja

Un besito, Kike ^^

Anónimo dijo...

m encanta tu blog :) me hace feliz!