El cálido sol del atardecer ilumina mi cara. Podría apartar la vista, pero prefiero mirar y sentir el sol sobre mi piel, y permanecer así, disfrutando del momento, tranquilo, con los ojos entreabiertos.
Por supuesto, este momento no sería tal, si no estuvieras tú. Un momento perfecto, en el sitio perfecto, tú y yo. Un ligero destello de felicidad que ilumina la gris y fría luz de este mundo. Un momento esperado y deseado por ambos (ahora lo sé...) pero que no ha ocurrido antes, simplemente, porque siempre era demasiado pronto. Los cursos de nuestras vidas han discurrido por caminos diferentes, encontrándose a veces, pero de forma tan efímera que nunca nos dio tiempo a disfrutar.
Han sido tantos los problemas, las esperanzas, las pequeñas decisiones que han influido... que, de alguna manera, creo que todo ha influido para que estemos ahora aquí, los dos, juntos. Por eso creo que no hemos estado juntos antes, porque no era el momento. Nos hemos encontrado justo en el mejor momento, la mejor oportunidad. Los hilos invisibles se han movido para conseguir que esto sea posible. Por eso estoy disfrutando tanto.
Así que aquí me tienes, mirándote a los ojos y recordando todo lo que nos ha pasado hasta hoy. ¿No es bonito pensar que todo lo que nos ha pasado, nos ha preparado para estar aquí, para que esto ocurriera? Por eso tenemos que disfrutar el momento, porque no sabemos los momentos que nos quedan por venir. Todo lo que nos ocurra, malo y bueno, nos preparará para nuestro próximo encuentro con la felicidad.
Hasta entonces, te esperaré, como siempre he hecho, como siempre he querido.
miércoles, febrero 25, 2009
jueves, febrero 19, 2009
La belleza está en el interior
La verdad es que el título de este post es un título muy fácil, y no exento de ironía, ya que estoy hablando de mi compañera de trabajo. Porque (y lo digo desde el cariño más sincero) en este caso la belleza no está demasiado presente en el exterior... digámoslo así: no es una chica a la que te quedes mirando al pasar.
Entró hace unos cuatro meses y enseguida empezamos a charlar. Si bien nunca me llamó la atención, últimamente noto que la cosa cambia. Y todo esto tiene una explicación: este fin de semana tuve que trabajar, para terminar un proyecto importante. A mi compañera le dejaron el "marrón" de echarnos una mano con algunos detalles que no nos daba tiempo a realizar. Lejos de protestar, ella aceptó y estuvo ayudándonos durante la tarde del viernes y todo el sábado. Aparte de aportar su trabajo, aportó su buen humor y me hizo mucho más llevadera la jornada.
Durante el domingo yo también tuve que trabajar, aunque ella ya no estuvo; mis compañeros trabajaban desde Málaga, Valencia... esto de la tecnología, ya sabes. Así que me pasé el domingo entero trabajando y solo. Después de la jornada maratoniana que nos metimos y después de volver a mi casa de madrugada y dormir cuatro horas, volví al trabajo porque... efectivamente... ya era lunes!!
Como puedes imaginar llegué cansado. Mi compañera me recibió con una sonrisa y preguntándome qué tal había ido todo, si estaba cansado, con curiosidad, hasta con impaciencia.
Estuve a punto de ir a verte, me dijo. Como vivo cerca y sabía que estabas aquí, pensé en pasarme.
Ah, sí? Pues haberte pasado! Estuve todo el día solo y me hubiera gustado una visita, contesté.
He de decir que el proyecto ha terminado bien. Y en cuanto a mi compañera... no pienses que me gusta, ni que me hace tilín (al menos, todavía!) Es esa sensación de cuando conoces a alguien, y te das cuenta que esa persona merece la pena, que te sientes bien con ella y deseas que seáis buenos amigos. Y es que, de alguna manera, la veo con otros ojos.
Si alguna vez necesita ayuda, del trabajo o fuera de él, podrá contar conmigo.
Entró hace unos cuatro meses y enseguida empezamos a charlar. Si bien nunca me llamó la atención, últimamente noto que la cosa cambia. Y todo esto tiene una explicación: este fin de semana tuve que trabajar, para terminar un proyecto importante. A mi compañera le dejaron el "marrón" de echarnos una mano con algunos detalles que no nos daba tiempo a realizar. Lejos de protestar, ella aceptó y estuvo ayudándonos durante la tarde del viernes y todo el sábado. Aparte de aportar su trabajo, aportó su buen humor y me hizo mucho más llevadera la jornada.
Durante el domingo yo también tuve que trabajar, aunque ella ya no estuvo; mis compañeros trabajaban desde Málaga, Valencia... esto de la tecnología, ya sabes. Así que me pasé el domingo entero trabajando y solo. Después de la jornada maratoniana que nos metimos y después de volver a mi casa de madrugada y dormir cuatro horas, volví al trabajo porque... efectivamente... ya era lunes!!
Como puedes imaginar llegué cansado. Mi compañera me recibió con una sonrisa y preguntándome qué tal había ido todo, si estaba cansado, con curiosidad, hasta con impaciencia.
Estuve a punto de ir a verte, me dijo. Como vivo cerca y sabía que estabas aquí, pensé en pasarme.
Ah, sí? Pues haberte pasado! Estuve todo el día solo y me hubiera gustado una visita, contesté.
He de decir que el proyecto ha terminado bien. Y en cuanto a mi compañera... no pienses que me gusta, ni que me hace tilín (al menos, todavía!) Es esa sensación de cuando conoces a alguien, y te das cuenta que esa persona merece la pena, que te sientes bien con ella y deseas que seáis buenos amigos. Y es que, de alguna manera, la veo con otros ojos.
Si alguna vez necesita ayuda, del trabajo o fuera de él, podrá contar conmigo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)