jueves, julio 30, 2009

Te pierdo



La gente dice que soy simpático, que se puede hablar conmigo de cualquier cosa... la verdad es que no me cuesta hablar y preguntar de lo que sea... todo por una buena conversación! Me encanta conocer a las personas, no sólo en sus aspectos profesionales, sino también los personales... en sus ideas, sus ilusiones, sus inquietudes. No es que lo haga con todo el mundo, pero tengo cierta facilidad para interesarme y "conectar" con la gente.

Sin embargo, tú piensas que soy antipático, que no me preocupo, que no cuido a mis amigos, que me da todo igual. Y eso no es así. Lo que ocurre... es que soy de esa clase de personas que no es capaz de dirigirle la palabra a la chica de la cual está enamorado.

Si hasta yo mismo lo noto... que si no tuviera dentro este miedo, estaría hablando contigo durante horas. Si no fuera tan débil, me mostraría a ti tal y como soy (tal y como soy con los demás... así que de alguna manera ya te habrás dado cuenta de que algo raro pasa).

Veo cómo hablas con los demás, y conmigo apenas intercambiamos un saludo y alguna broma. Y eso me entristece. No puedo evitar preguntarme por qué me cuesta tanto, quizás sea miedo al rechazo, o miedo al ridículo... pero cuando pienso que lo más seguro es que mi sentimiento no sea correspondido... no me salen las palabras, no me sale mirarte y sonreírte... no puedo comportarme como realmente soy, intento encontrar en tus gestos, tus palabras... algo que me de ilusión, que me haga imaginar que realmente, hay algo especial... y si bien a veces creo encontrarlo, al instante siguiente esa ilusión se desvanece.

Y así pasan los días, y así crece mi sensación de que estoy perdiendo una oportunidad. Dicen que las oportunidades nunca vuelven, y que hay que aprovecharlas. Me siento incapaz de aprovechar ésta. Pienso en ti muchas veces durante el día... dudo de que tú hagas lo mismo. Y esa sensación crece y creo que el tiempo se me escapa, que debo cambiar ahora mismo... ya sé que sólo somos amigos y no de los mejores... pero esta ilusión... las ganas de hablarte... tu voz...

Y sin embargo... te pierdo.

domingo, julio 12, 2009

El luchador

"El lugar donde me hacen más daño... es fuera del ring" (Mickey Rourke, Randy "The Ram").


Darren Aronofsky se está convirtiendo, como quien no quiere la cosa, en uno de esos directores que no hay que perder de vista. Y es que, con tres películas ("Réquiem por un sueño", "La fuente de la vida" y ésta "El luchador") ha demostrado saber emocionar y ser, en mi opinión, un excelente director de actores.

Si con "La fuente de la vida" la puesta en escena era confusa y enrevesada, en "El luchador" nos encontramos ante un drama, una historia y unos personajes realistas. Randy (Mickey Rourke) es un luchador de lucha libre que tuvo su éxito durante los años 90, y que ahora malvive en torneos menores. Debido a problemas de salud debe retirarse de la lucha pero encuentra que no tiene una vida a la que dedicar su tiempo de retiro. Comienza, pues, una "lucha" fuera del ring para recuperar la vida que debió tener, de no haberse dedicado en cuerpo y alma a su trabajo.

Tanto Mickey Rourke como Marisa Tomei tienen actuaciones geniales. No en vano tienen personajes para lucirse. Como en "La fuente de la vida" (donde podemos ver a un Hugh Jackman absolutamente inspirado) los actores consiguen que el espectador "conecte" con los personajes y tenga esa inquietud por saber qué le pasará, si finalmente podrá salvarse, ser feliz, o por el contrario fracasará. Algo que encontramos en las tres películas citadas del cineasta.

Otros detalles que destacan son: el retrato del mundo de la lucha libre, un retrato sangriento en ocasiones, pero curioso y humano en otras; la abundancia de planos siguiendo al personaje, desde atrás, visto éste de espaldas; y por supuesto la canción de Bruce Springsteen que debió ser merecedora de, al menos, una nominación al Oscar. Una canción que, como ya hizo con Philadelphia, encaja con la historia que se cuenta en la película.

Por tanto, película recomendada a los amantes de las historias sinceras; a los que van al cine por ver lo bien que lo hacen los actores y no lo bien que están los efectos especiales; y a los amantes del género dramático.

miércoles, julio 01, 2009

Yo mismo y mi blog


Algunas veces escribo cosas en el blog que se refieren a mí. Otras, son cosas que hablan de sentimientos, de alegrías, de penas... pero que no son mías. Sin embargo, si las encuentro suficientemente interesantes, intento darles una forma adecuada (escribiéndolo de manera que resulte atractivo) y después lo posteo.

Cualquier cosa puede servir de inspiración: una historia que alguien me cuenta, una película, una situación, una frase... realmente de cualquier sitio puede salir un pensamiento bonito.

Pero sin embargo, encuentro que nunca he hablado seriamente sobre mí en el blog... y al revés, poca gente sabe que tengo un blog. Hace unos días me asaltó ese pensamiento, a raíz de una conversación con compañeros de trabajo, con comentarios generales de "eso no te pega, de esta otra persona sí me lo esperaría, pero de tí, no..." (no estábamos hablando del blog sino de otras cosas que no consigo recordar... así que tampoco serían importantes).

Esto me ha hecho pensar que, la mayoría de gente que le he dicho que tengo un blog (o que, simplemente, me gusta escribir cuentos y cosas así) al leerlo ha tenido una reacción de sorpresa, en la línea de "no, si no pasa nada, sólo que no me lo esperaba". ¡Vaya! Creo que no estoy "exteriorizándome" lo suficiente, porque la verdad, creo que me pega bastante eso de escribir (al menos cuando se me conoce bien).

Lo que me lleva a otro pensamiento: hay muy pocas personas que, en efecto, me conozcan bien. Solamente aquellos a los que considero amigos, de los de verdad, de los que llamas "amigos, amigos". Es tranquilizador saber que no todo el mundo encuentra extraño que, a pesar de mi trabajo dedicado a la tecnología, tenga ganas de, de cuando en cuando, escribir algo, cualquier cosa, sobre lo que sea que me llame la atención.

Y es que, podría decir que mientras la tecnología alimenta mi intelecto, el escribir alimenta mi alma (a la cual, como podrás deducir por la "regularidad" con la que escribo, no alimento mucho últimamente). Son dos partes que necesito ejercitar, la parte de pensar, buscar soluciones a problemas... y la parte de romanticismo (en el amplio sentido de la palabra), de los sentimientos... esas cosas. Quizás por la falta de atención que le dedico a esto último, es por lo que, por otra parte, es la afición menos conocida de mí. En cualquier caso es algo a lo que pretendo "poner remedio" próximamente.